….¿Por qué nos enamoramos de las personas menos indicadas?...
Será tal vez porque no mandamos en los corazones, o tal vez por masoquismo? No lo creo, pero sea el hecho que fuera, el punto está en que nos embobamos tanto con aquella persona, que ante cualquier problema, no buscamos explicaciones más aún sólo el sonido de las dos palabras más cortas y fuertes “te amo”, tan solo eso…
La tarde en la que me negaba a ir con la abuela a aquella cabaña en la que ella guarda los mejores recuerdos de su vida, me negué rotundamente pues una energía negativa casi inexplicable me invadía de forma súbita. Comprendía que mi abuela quisiera ir, pues en ella paso los mejores años de su vida de casada, aunque yo ya no estaba acostumbrada a ello. La reciente muerte de mi abuelo nos sorprendió mucho, pues solo de ahora en adelante nos tendríamos la una a la otra, ya que mis padres fallecieron en un accidente, del cual ya casi no guardo memoria…
El grito que pegó mi abuela al asustarla un bicho hizo que saliera del trance de inmediato, y que corriera en su ayuda. Me encontraba revisando cosas viejas en el ático, todo estaba empolvado, uff si que había que limpiar…
Por la tarde salí a campo abierto, o mejor dicho al bosque a poder respirar algo más que no sea polvo y madera vieja, no poseía el “don” de cocinar, por lo que ni si quiera me atrevía a ayudar en la cocina de la abuela. Caminaba divagando sin destino fijado, hasta que recordé que a un kilometro de ahí yacía una casa, en la cual de niña tenía un amigo, se me ocurrió ir a buscarlo, pues no sabía nada de él desde hace mucho. Emprendí la búsqueda. Luego de un par de horas llegué exhausta pero llegué. Toque 2 veces pero nadie contestó, y supuse que no había nadie, atiné en retirarme. Pero como mi coordinación no es buena, tropecé tontamente con una roca cayendo de espaldas sobre el agreste camino…
…Unas horas más tarde despierto en una habitación algo cerrada, estaba recostada, de ello no me cabía duda…
- “Hasta que por fin! Despiertas….” - Dice un muchacho parado dos metros más allá
- “Sí…dónde estoy?...” - dije cogiéndome la cabeza, intentando en un inútil esfuerzo pararme
Pero el en seguida me cogió la cabeza como un balón y me revisó ambos extremos diciendo:
- “Mmmm…No te lastimaste nada…” - decía mientras me sacudía como una sonaja
- “Ahh!! Para!, ya! Basta!!....” - exclamé pues sus actitudes eran burlescas e incomodas.
En seguida, nos asaltó el sonido de algo estruendoso, él me cogió de la mano, sacándome de un solo tirón de allí, en medio segundo aparecí fuera, corriendo. Me detuve en seco, pues no entendía nada…
- “Por que corremos??” - dije abruptamente
- “Que corras te digo!!!” - me gritó a una sola voz, atiné a obedecer sin chistar.
Corrimos y corrimos sin parar, era increíble que a pesar de todo, el siguiera en pie corriendo sin detenerse, pero yo ya no podía las piernas me mataban, el corazón me latía a mil por minuto, la respiración entre cortada hacia más difícil la oxigenación de mis células, por lo que idee un plan para detenernos sin que se diera cuenta, bueno yo siendo la mejor atleta de mi clase, que vergüenza!.
- “Creo que ya no nos sigue…lo que sea que haya sido eso…” - dije tratando de mantener firme la respiración mostrando la más absoluta naturalidad.
- “Ya te cansaste tan pronto??” - me dijo sin voltear, me intimide enseguida.
- -“No…pero…” - le dije titubeando, mientras él me soltaba la mano, y se alejaba caminando a la nada, metiendo las manos en los bolsillos.
- “Perdona por eso…” - me dijo levantando la mirada al cielo
- “Eh?!...” - dije desentendiendo
- “Si…creo que apreté mucho la mano contra tu muñeca, lo siento…” - me dijo nuevamente dirigiéndose a mí en un tono apacible
El vestía de modo extraño, traía gafas a pesar que no hacía nada de sol, un polo blanco, un saco negro, unos pantalones negros, y zapatos brillantes, el cabello algo alborotado, y largo, y un gorrito negro sobre él. Vestía algo diferente a lo que estaba acostumbrada a ver en la ciudad.
La noche se hacía cada vez más sombría, y el frío más intenso, el fue a traer un poco de leña, para encender fuego, y por más que intentaba recordar el camino a casa, nada de ello se me hacia familiar, todo era arboles, arboles y mas arboles. Pensaba en que mi abuela estaría preocupadísima por mí. El fuego flameaba incesante, pero el frío era azorante, me llegaba hasta el tuétano, titiritaba y producía un tintineante sonido con los dientes a causa del helado. Mientras él serenamente parado observando lo oscuro de la NADA. Apacible y tranquilo.
- “No tienes…fr..frio…” - dije titubeando, ante esto él solo emitió una risita
- “No y tú?” - masculló entre dientes
Me hice la valiente, tratando de mantener la compostura y decir…
- “No…es decir…nn..no!” - dije, pero mi organismo traicionero me delató al instante, haciendo que mis dientes truenen con mis palabras. Él se burló de mí, soltando una mueca.
Se acercó detrás de mí, y se agachó ligeramente. Me mostró las dos manos, como invitándome a palparlas, lo hice. Una era cálida que producía un placer al tocarla, con el incesante frio un antídoto servicial. La otra era fría como un tempano de hielo.
- “Cómo es que…??” - iba a preguntar cuando sus manos tocaban mis hombros.
Naturalmente me sonrojé, y me puse rígida como una piedra. Intenté pararme, pero sus firmes manos hicieron que caiga de un sentón nuevamente.
- “No te pongas rígida…estas dura, relájate…No te emociones, solo te voy a ayudar…” - me dijo, ante esto me molesté arquee una ceja y con más razón intenté ponerme en pie, pero no pude lograrlo.
- “Quieres morir acaso?!!” - me gritó nuevamente, bueno, al menos no podía negar que me producía calor y ya no tiritaba y mis dientes comenzaban a calmarse. No dije nada y quedé callada.
El se sentó sobre la tierra, envolviéndome con sus brazos cálidos como un día de verano. No recuerdo bien cuando es que mientras pensaba en como estaría mi abuela, quede profundamente dormida. Solo sé que aquel ambiente allí entre sus brazos era rico, tranquilo, apacible y acogedor, y más aún con ese particular olor a Vainilla desprendido de su cuerpo, una droga perfecta para el momento.
